Por María Eugenia Ubilla Flores, jefe de Medio Ambiente de Flesan, integrante del Comité Gestor RCD de Construye2025

Desde 2005, cuando fui aceptada en la universidad, en la que en dicho tiempo era considerada la “carrera del futuro”: Ingeniería de Ejecución en Ambiente, de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Santiago de Chile, he recorrido grandes y entretenidos caminos. 

Ya titulada, el año 2011 comencé trabajando como encargada ambiental de una obra de construcción, específicamente una edificación de oficinas en la comuna de Renca. Dentro del eslabón de un proceso de construcción, mi área era lo menos importante, nadie quería ayudarme, solo querían que cumpliera por lo que me habían traído: “cumplir por un compromiso del titular del proyecto”. En esos tiempos estaba de moda la certificación LEED, no era un tratado directo en temas de medio ambiente como podrán imaginar, pero era un desafío, porque era un mundo muy masculino, muy a la antigua, donde el rol femenino era ordenar papeles, hacer el aseo o alimentarlos derechamente, es decir, lo mismo que ellos veían en sus casas y creían que era lo correcto. 

Un rol de par profesional, donde el solicitar colaboración para lograr una sinergia laboral era lo normal de un lugar de trabajo ameno, existió para mí a casi seis meses de trabajar, investigar y poder aprender de todo lo que salía a colación en el día a día, logrando convencer con mi trabajo, esfuerzo y dedicación. 

Logré salir adelante porque dos mujeres que trabajaban indirectamente conmigo vieron en mí un potencial, mi amor por el medio ambiente y me dieron la oportunidad de poder avanzar en la empresa en la cual estuve un año, para quedarme ya 10 años en el rubro de la construcción dando pelea a diario en dos aristas que no son una buena mezcla: poder hacer conciencia medio ambiental en un mundo de hombres.

Esta carretera laboral que he ido fabricando durante estos años, ha estado rodeada de mujeres que me han ayudado a romper los paradigmas y me han hecho ser la profesional y persona que soy hoy: un poco bruta (no puedo negar que los años en construcción han creado una reacción de protección a algunas de las mañas y formas del rubro que ha conllevado a respuestas duras de mi parte y que ya recorren mi sangre verde), pero con la convicción de que las áreas profesionales, los cargos en las empresas, los roles en la vida no están predeterminados ni dictados por ser mujer u hombre. 

Que más allá del género, más allá de una mujer ingeniera en construcción controlando temas ambientales, lo que importa es el real aporte que cada uno de nosotros, como seres humanos, pueda ser y entregar en el área en donde decida desempeñarse, de la manera más fiel a lo que uno es y de la forma en la cual se ha formado por el camino que ha escogido libremente, de manera correcta y sensata con el medio ambiente. 

En la actualidad, ya he logrado representar mi trabajo como una necesidad a varias gerencias, por lo cual he podido armar un área que me enorgullece y que agradezco a todos los que me han permitido poder desarrollar los talentos anexos a esta ardua tarea. 

Hoy me desarrollo como jefa del Departamento de Medio Ambiente de Flesan, potenciando el hecho de que las mujeres en el rubro de construcción pueden generar cambios y entregar el soporte para ser una empresa integral y con mirada hacia el futuro, mediante la contratación de mujeres para puestos de oficina y terreno. 

Mi equipo está conformado en un 58% por mujeres ingenieras, que son un aporte constante desde la trinchera que les toca defender en sus puestos, con la misma fuerza y entereza que un hombre, donde inspiran y desprenden respeto por el trabajo que desarrollan y que agradezco conocer, porque asumieron con responsabilidad desde el día que ingresaron a la empresa un compromiso por el área y por el proyecto que hemos ido desarrollando.

Hace 100 años atrás, nosotras, las mujeres, no podíamos estudiar en la educación básica, o media, menos incluso ser ingenieras, menos votar, solo teníamos roles predeterminados como casarnos, procrear, mantener el seno familiar y otros quehaceres considerados domésticos y muchas veces menos importantes para la sociedad, en comparación con los roles y funciones que desempeñan los hombres. 

Es transcendental tener claro que aún muchas mujeres quieren desarrollar las funciones destinadas a nosotras a través de los años, pero a la par de poder ser ingenieras y desarrollarse en un mundo laboral integral que sea capaz de entender que hombre y mujer pueden ser un aporte desde el mismo pedestal o cargo al que desee pertenecer, sin ser excluidos por pertenecer aun sexo o género predeterminado.

El llamado es a no tener miedo por ser mujer, y si existe, hay que tomarlo de la mano y hacerlo de todas formas, porque el aprendizaje de los tiempos actuales son los recuerdos que transformarán la historia de nuestros herederos. Ellos deben, día a día, recordar que las diferencias entre hombres y mujeres fueron una leyenda debido a la disputa por la igualdad de poderes, de la cual todas fuimos una parte fundamental desde el rol de hija, hermana, jefa, trabajadora, ciudadana, amiga, para lograr que hoy muchas niñas puedan elegir ser ingenieras, por ejemplo, y lograr cambiar una fracción del mundo.