Construye2025 ha terminado exitosamente una primera etapa y se apresta a iniciar un segundo proceso de trabajo en pos de la productividad y sustentabilidad en la industria. Esta vez con el apoyo del Instituto de la Construcción.

La construcción en Chile es una industria poco productiva y ha estado estancada durante más de 20 años. “Los indicadores de productividad e innovación en la industria de la construcción señalan que el sector, en estas materias, está prácticamente estancado desde hace bastante tiempo”, ratifica Miguel Pérez, presidente del Instituto de la Construcción.

Y es con ese desafío que en 2016, Construye2025, a través del impulso de Corfo, asumió la tarea de trabajar desde distintas áreas para mejorar este escenario.

Hoy, tres años después y habiéndose cumplido la primera etapa de este programa estratégico de Corfo, algunas voces del sector consideran que el rubro ha cambiado. Si bien lo ha hecho de manera puntual, “se percibe que el sector ha entendido y enfrentado sus brechas, buscando poder cerrarlas en el mediano plazo. Varias empresas privadas ya han implementado cambios estructurales a nivel organizacional y mejoras en sus sistemas productivos, habiendo, además, más información disponible para acceder a nueva tecnología”, a juicio de Marcos Brito, gerente de Construye2025.

A través de “acciones como las del Construye2025, de Planbim, de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), las universidades y otras instituciones, la industria ha empezado a visualizar que tiene estos problemas y que debe mejorar, que hay que incorporar digitalización e innovación”, comenta Carolina Soto, directora ejecutiva de Planbim.

Indudablemente hay casos especiales, de acuerdo con Miguel Pérez, pero si se analiza cómo ha evolucionado esta industria en la mayoría de los países más desarrollados, también se ve un efecto marginal de crecimiento en comparación con otras actividades económicas. “Lo anterior, genera un especial y gran desafío para llevar adelante la transformación de esta industria, buscando el cumplimiento de los objetivos planteados, por lo que se hace cada vez más necesario y relevante que todos los actores, de manera coordinada, confluyan en un esfuerzo conjunto para así producir cambios cuantitativos importantes”, complementa el presidente del IC.

Y es que “los cambios son muy lentos”, a juicio de Erwin Navarrete, jefe de la División Técnica de Estudio y Fomento Habitacional (Ditec) del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu). “Se requiere fortalecer la profesionalización de la mano de obra por medio de la promoción de la certificación de roles y experiencia, y que esto se vea reflejado en beneficios para los trabajadores”, considera la autoridad.

Desde Corfo, son dos los principales cambios que visualizan. El primero dice relación, precisamente, con la toma de conciencia de más actores. “Lo primero que ocurre en estos procesos cuando avanzan correctamente, es que la conciencia respecto a las brechas que tenemos que cerrar en el propósito a largo plazo, empieza a ser de verdad convergente y común no solamente con un pequeño grupo de actores, sino para la industria en su conjunto, incluyendo al sector público, en este caso, y eso lo fuimos logrando”, analiza Carlos Ladrix, director de los Programas Estratégicos de Corfo.

Y el segundo es que en torno a los procesos de innovación, se ha ido formando una masa crítica de empresas y de instituciones públicas, “que creen tempranamente en esto y van formando grupos de trabajo más especializados, financiando iniciativas de manera conjunta”, explica.

El rol de Construye2025

Para Vicente Domínguez, presidente del Consejo Directivo de Construye2025, el sector ha cambiado sí o sí. La importación de materiales y distintas innovaciones ha permitido mejorar la edificación y las normas son mucho más estrictas en aspectos como estructuras, confort térmico, elementos sanitarios, entre otros, lo que también permite una superación, de acuerdo con Domínguez.

Sin embargo, “hay áreas como son los procesos, la elaboración de los proyectos, el manejo de residuos, etc., que están muy retrasadas en comparación con los mercados internacionales, entonces creo que ahí hay que hacer un esfuerzo mucho mayor”, visualiza.

Y, en ese sentido, para Domínguez el programa es un incentivo para “apoyar, abrir puertas, superar brechas, pero el sector viene cambiando”, aunque sí reconoce que hay que acelerar la dinámica del cambio.

A pesar de que a Corfo le habría gustado alcanzar a más miembros del sector privado en esta primera etapa, hoy ven “con claridad que hay empresas que incluso antes del programa eran bastante líderes y ahora toman más protagonismo y comienzan a liderar grupos, como el Consejo de Construcción Industrializada, un gran logro del programa. Son empresas más innovadoras, pero hoy no están solas, han ido armando una red de trabajo más poderosa”, de acuerdo con Carlos Ladrix.

Nueva casa

Como precisa Vicente Domínguez, hace bastante tiempo él vio una convergencia natural entre el Instituto de la Construcción y Construye2025. “Este programa tiene la impronta de Corfo, que es la entidad pública que ha luchado por el desarrollo empresarial y ha sido un valuarte del Estado en relación al mundo productivo. En ese sentido, tiene un carnet bastante positivo, entonces si es Corfo más el Instituto de la Construcción y con el apoyo de la CChC, no le veo alternativas de fracaso, le veo un camino muy virtuoso”, manifiesta.

Es por ello que “esperamos que el Instituto nos ayude a articular aún mejor a nuestra gobernanza, dotando y atrayendo nuevos socios, convenciendo al MOP, al Minvu, a actores públicos, que acá el esfuerzo público privado da frutos levantando iniciativas”, afirma el ejecutivo Corfo.

Y es precisamente el aporte que ven desde el mismo IC: “Indudablemente tendremos la capacidad de aglutinar y coordinar todos los esfuerzos que se están desarrollando en materias de productividad, sostenibilidad e innovación, con ello ganaremos en eficiencia y eficacia para lograr los objetivos del programa, con el propósito, en definitiva, de aportar a la calidad de vida de los habitantes de nuestro país”, asegura Pérez.

Lo que viene

Lo que se viene para la segunda etapa del programa es la generación de productos y resultados que puedan ser medibles en su impacto en el sector. “Movilizar la industria a través de un plan estratégico que pone énfasis en el poder de compra estatal, para traccionar a los privados hacia una construcción más eficiente y limpia”, dice Marcos Brito.

Asimismo, para Erwin Navarrete es necesario “seguir consolidando las líneas de industrialización y gestión sustentable de residuos, con eso están haciendo un gran aporte a la incorporación de economía circular en el sector”.

Una opinión similar entrega Vicente Domínguez, quien considera relevante mantener el desarrollo de las iniciativas actuales: “Sería absurdo, por ejemplo, en el caso de Planbim, decir hasta acá llegamos, ya que aún falta una etapa grande por consolidar, el impacto de Planbim en la mejora de la productividad. Ni hablar en construcción industrializada, lo que se está haciendo en medio ambiente, con residuos, todavía estamos en niveles primarios del proceso, faltan muchas etapas”.

En ese sentido, para el presidente del Comité Directivo de Construye2025, los próximos tres años deberían ser “la consolidación de muchos de estos programas, y probablemente emerjan otros, que complementen esta mirada y la posibilidad de superar la productividad”.

Desde Planbim, Carolina Soto sostiene que un desafío constante para el programa es “lograr articular y sentar a la mesa incluso a más actores y lograr reincorporar al DOM en Línea”. Por ello, es necesario analizar cómo desde el Construye2025 y desde la industria se apoyará ese proyecto y “cómo se van a cruzar las distintas iniciativas que se están impulsando con los beneficios y las ventajas que va a generar el DOM en Línea, cómo también hacemos que la mayor eficiencia que nos va a dar a todos el DOM en Línea en la industria nos ayude a mejorar otros procesos que van de la mano con procesos de permisos de edificación”, opina Soto.

Y también se abre un nuevo escenario a nivel país. “Las dinámicas sociales que quedaron en evidencia a propósito del conflicto social que se gatillo después del 18 de octubre, creo que apelan a la industria de la construcción que tiene mucho que aportar para poder resolver en parte estas demandas”, analiza Carlos Ladrix.

Por ello, cree necesario “imaginar hoy qué hacer para poder resolver rápidamente el déficit de vivienda social, los temas de construcción industrializada pueden ayudar, pero de la mano del mandante público, tenemos que articularlo bien con el mismo, para construir más rápido, de mejor calidad, de manera más digna, a costo razonable y generando empleo de calidad también, sin duda los desafíos van un poco por allí”.

A juicio de Miguel Pérez, uno de los “desafíos importantes es consensuar en todos los actores de esta importante industria del país, una hoja de ruta general y única para enfocarse en los distintos aspectos sobre los que hay que innovar. Para así ir logrando mejoras sistemáticas e importante en los aspectos fundamentales de productividad y sostenibilidad”.

Y pese a lo lento que ha sido históricamente introducir los cambios de paradigmas en la industria, es importante que “se comiencen a masificar procesos productivos industrializados en la construcción en su amplio significado; integrando modelos de gestión eficiente, capital humano especializado, manufactura avanzada y la gestión integral de recursos”, comenta Brito.

Y esa es precisamente la visión desde Corfo: “es una industria que ha venido muy preocupada con temas de productividad y sustentabilidad; ese camino no lo puede abandonar, pero tiene que ser muy aliado también de una agenda social que va requerir justamente de esos mismos atributos: productividad y sustentabilidad”, plantea el ejecutivo de Corfo.