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Alinear al sector: el aprendizaje más profundo de Construye2025

Fecha: 29/04/2026

Manuel Álvarez, coordinador de Innovación y Desarrollo Tecnológico Construye2025

Cuando el programa Construye2025 comenzó, las preguntas superaban por mucho a las respuestas. Nos enfrentábamos a un sector de la construcción tradicionalmente fragmentado, atrapado en una baja productividad y donde la falta de coordinación era la regla, no la excepción. La política pública y la estrategia sectorial parecían conceptos lejanos para una industria acostumbrada a operar de forma individual, donde cada actor resolvía sus propias urgencias sin mirar el panorama completo.

Hoy, desde la experiencia de estos años de gestión y articulación, veo con claridad que el mayor logro de este ciclo no se tradujo en metros cuadrados, sino en algo mucho más complejo y eso fue alinear al sector. Sentar a la misma mesa a competidores, al mundo público, privado y a la academia para trazar una hoja de ruta común fue un hito fundacional. Más que acuerdos en papel, lo que realmente se generó fue confianza, un espacio esencial para levantar cualquier ecosistema.

Esa confianza fue la base que permitió sostener una nueva gobernanza. Desde mi experiencia participando en la articulación de la hoja de ruta del Construye2025, comprobé de primera mano que los nuevos estándares, la industrialización, la economía circular y los proyectos piloto no flotan en el vacío. Todos estos avances requieren de un tejido institucional y humano dispuesto a dialogar para poder implementarse.

Sin embargo, el verdadero cambio solo ocurre cuando las ideas bajan a la obra. Y aquí radica, a mi juicio, el aprendizaje más profundo de este periodo: la transformación de la industria no es técnica, es fundamentalmente un desafío de coordinación. Descubrimos en la práctica que la colaboración humana es muchísimo más difícil de implementar que cualquier tecnología de punta. Por eso, mi mayor convicción al mirar hacia atrás es que el salto más trascendental que dimos no fue tecnológico; fue haber logrado que, por primera vez, el sector se pusiera de acuerdo.

En paralelo, uno de los dolores históricos del sector, la baja productividad, comenzó tímidamente a mostrar señales de cambio. Mediciones como el IPLC empezaron a registrar mejoras, aún incipientes pero relevantes, especialmente en proyectos donde se integraron tempranamente prácticas como BIM, industrialización o una mejor planificación. Más que un salto abrupto, lo que se observa es una tendencia: cuando hay coordinación, estándares claros y colaboración efectiva, la productividad responde. No como resultado de una herramienta en particular, sino de un sistema que comienza a funcionar de manera más integrada.

¿Qué falta por hacer? El cierre de este programa no es un punto final, sino un punto de inflexión. El desafío inmediato es consolidar lo avanzado, escalar las soluciones que ya demostraron su valor en terreno y, por sobre todo, evitar retrocesos frente a las resistencias naturales al cambio.

El sector cambió y la vieja inercia se está rompiendo. Hoy dejamos una base instalada de conocimiento, redes y una visión compartida que antes no existía. 

Esto no termina aquí, simplemente se transforma, el ecosistema ya está vivo, la tarea ahora es asegurar que esta madurez alcanzada siga construyendo el futuro de nuestra industria.