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Compromiso BIM

Por Ricardo Carvajal G., jefe de la DITEC – MINVU

El Ministerio de Vivienda y Urbanismo, en el marco del Plan de Emergencia Habitacional, está buscando mejorar la productividad de las obras, desde que se conciben hasta que se construyen, y parte de los elementos considerados para lograr este objetivo es el uso del BIM en los proyectos.

Nuestra agenda de industrialización, por defecto, exige el Modelado de la Información de la Construcción, o el Building Information Modeling, conocido más popularmente como BIM, porque es necesario tener todas las piezas y componentes digitalizadas y que calcen para entrar en la producción de la vivienda industrializada y su montaje.

El diseño del gemelo digital se debe realizar antes de la construcción, para identificar con anterioridad alguna inconsistencia en el diseño con alguna especialidad no solo ahorra tiempo, sino que también recursos. Muchas veces los proyectos se escapan del presupuesto cuando uno detecta problemas del diseño al momento de ejecutar la obra. Esto no debería ocurrir con el BIM, ya que tengo cada información antes, y al detectarla, la corregimos.

Al desarrollar las viviendas tipo industrializadas en el marco del convenio que firmamos como DITEC con las empresas, estamos trabajando con BIM, dado que tenemos que sacarle el mayor partido al material y llegar a costo para poder financiar la vivienda social que tenemos que construir y eso con otras tecnologías anteriores hubiera sido imposible.

En lo personal, creo que el uso del BIM es cómo pasar de diseñar con rapidograf en un tablero de dibujo a diseñar en AutoCAD. Este paso de AutoCAD a BIM es la iteración natural y es inevitable, por lo que ya estamos viendo actualizaciones en nuestra normativa, primero para poner su como optativo y en otros pilotos, como obligatorio para los proyectos de vivienda del Minvu, incluso avanzando en desarrollos que al apretar un botón nos permitan saber si un proyecto cumple o no con la normativa y el estándar.

Esto nos permitirá ahorrar mucho tiempo precioso que necesitamos para cumplir las metas del Plan de Emergencia Habitacional, pero también requerirá un tremendo esfuerzo para cambiar la inercia de cómo se venían haciendo las cosas.


Una muestra de productividad y sostenibilidad en Edifica 2022

Por Marcos Brito, gerente de Construye2025

Este año, Edifica, feria organizada por la Cámara Chilena de la Construcción, hace eco de nuestra Hoja de Ruta 2022-2025, poniendo foco en la construcción industrializada y la economía circular, a través de la Plaza de la Industrialización y Sostenibilidad Ambiental.

Con 10 prototipos de vivienda a escala real y múltiples montajes en vivo, podremos apreciar los beneficios de la industrialización en la construcción, y entenderemos porqué el Minvu ha optado por este camino para el Plan de Emergencia Habitacional.

Asimismo, en esta plaza se podrá asistir a demostraciones de sostenibilidad en economía circular, BIM, seguridad laboral y eficiencia energética e hídrica. Allí se podrán conocer experiencias prácticas para disminuir los residuos, evitar accidentes en obra y ahorrar agua y energía durante las faenas. Además, no podían quedar fuera los casos concretos de emprendimiento que apuntan directamente a mejorar y optimizar el ciclo de vida de materiales y recursos de un proyecto de construcción. 

El enfoque de Edifica 2022 es muy interesante y relevante, dado que en la última versión de esta feria internacional (2019) estos temas derechamente no se hablaban o eran muy incipientes. Antes, solo unas pocas empresas se atrevían a desafiar el status quo de nuestra industria para iniciar un camino más complejo, pero que les ha permitido ver resultados antes que al resto. Imposible no destacar -entre otros- los casos de Axis Desarrollos Constructivos, Echeverría Izquierdo y Viconsa, que nos han demostrado que es posible ser productivos y sostenibles, al mismo tiempo.

Destaca, además, que se podrá realizar visitas guiadas al Parque de Innovación CTeC, cercano al recinto ferial de Edifica. Asimismo, recorrer y participar en diversos roadshows, que la feria tiene programados y participar en un nutrido programa de presentaciones y ceremonias, como la importante firma del Acuerdo de Colaboración entre CChC, IC y Construye2025, para implementar en conjunto la Estrategia de Economía Circular en Construcción.

Hoy, desde Construye2025, sentimos que el camino iniciado hace siete años rinde sus frutos y una prueba de ello es el programa de Edifica 2022. Estamos seguros que, de ahora en más, la industria de la construcción podrá seguir transitando por la senda de las transformaciones que tanto ha costado plantear y poner en marcha en el sector.


Un cambio cultural que requiere trabajo colaborativo

Por Scarlett Vásquez, directora general de Obras Públicas

Vivimos en un contexto complejo, el cambio climático amenaza nuestra disponibilidad de recursos naturales y fuentes de extracción de materiales para la construcción. En el Ministerio de Obras Públicas, trabajamos en incorporar la economía circular en los proyectos públicos para las metas planteadas en la Hoja de Ruta RCD Economía Circular en Construcción 2035.

Sabemos que nuestro rol es relevante por el impacto que tienen estas nuevas medidas en la industria y en el territorio. Las primeras acciones que hemos realizado es la gestión de los residuos de construcción: nuestro desafío es ser un aporte a la reutilización de materiales en las obras públicas. 

Destacan así los avances realizados por Vialidad, en la región de Valparaíso, a través de la reutilización de asfaltos; o la Dirección de Aeropuertos, respecto al uso del RAP o fresado asfáltico. En ese sentido en el Aeropuerto Andrés Sabella de Antofagasta por ejemplo, se está reutilizando el RAP sobrante para otras obras en la región o en la construcción del Aeródromo de Tobalaba en donde se reutilizó más del 90% de este material. Además de cambios en las bases de las mantenciones de pistas para alargar la vida útil de materiales y de recursos.

Como Ministerio y gobierno, tenemos el desafío de incorporar la economía circular en todo nuestro quehacer, en crear incentivos en las licitaciones de obras para contratistas que cuenten con criterios sustentables, como la reutilización de material, gestión de residuos, cálculo de huella de carbono, compromisos con la comunidad, certificaciones, entre otros.

Todo esto implica un cambio cultural, por lo que se necesita del trabajo colaborativo entre todos los actores del sector construcción: públicos, privados, y academia, siendo este uno de nuestros principales desafíos como Ministerio de Obras Públicas. 


Reconocer el impacto de nuestras decisiones

Por Tatiana Vidal, presidenta del Comité de Sustentabilidad y Energía del Colegio de Arquitectos.

Hoy, a propósito del Día del Arquitecto, quisiera relevar la importancia de nuestra disciplina, en la toma de decisiones, y sus efectos en la sociedad y en el medio ambiente. 

Es tan valiosa la posibilidad de decisión que tenemos como arquitectos, desde el inicio de nuestra intervención, desde la idea, el lugar, aportando, no sólo en mejorar el hábitat de las personas, sino en reducir nuestro impacto en el ambiente, en las ciudades, en las viviendas. Estas buenas decisiones conducen a disminuir emisiones y residuos, y a aportar sobre todo en calidad de vida, en lograr espacios saludables, entregando confort a los usuarios. Podemos decidir bien, desde el diseño en adelante, desde los materiales, los sistemas, con elecciones y propuestas informadas, de tal forma, que nuestros impactos, que serán durante años, sean mitigados, y respetuosos.

Como arquitectos, estamos en permanente diálogo con nuestro medio ambiente, intervenimos el espacio, por lo tanto, estamos en primera línea para evidenciar los efectos del cambio climático. Sabemos que el aumento de temperatura podría ser nefasto, entonces la única forma de responder a esta crisis es trabajando de forma colectiva con los principios de sustentabilidad, en el diseño de nuestro hábitat, para frenar el avance de los impactos y sus consecuencias, como la escasez de agua, el gran consumo energético o la pobreza energética.

En este sentido, una acción relevante es seguir reforzando la sustentabilidad en la enseñanza de la arquitectura, donde será fundamental contar con la visión entrenada de los futuros profesionales. Manejar la visión macro de las consecuencias que genera la construcción y el uso de un edificio es una necesidad. Desarrollar la arquitectura hacia metas como la carbono neutralidad, energía neta cero, materiales sustentables, ahorro de agua y energía, pero asegurando confort y calidad de vida, deben ser parte de los input de diseño en la enseñanza, entendiendo que es algo del presente, no un encargo del futuro… es ahora. 

En nuestra área, contamos con grandes profesionales, que han aportado con responsabilidad y conocimiento frente a los desafíos urgentes que tenemos por delante. Reconozco y felicito la capacidad de innovación, especialización y coordinación de nuestra disciplina frente a estos desafíos.

Hoy, estamos viviendo tiempos complejos, una realidad económica deprimida, una pandemia que se resiste a desaparecer y junto a esto, el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad. En nuestra profesión, debemos vincular todas estas realidades.

Esta realidad involucra procesos de planificación y de ciudades sostenibles, también asociadas a la movilidad sostenible, el almacenamiento de aguas pluviales y la agricultura urbana.

Un principio importante es reconocer las diferencias climáticas, de lugar, culturales y económicas para pensar en su forma de habitar, desde el espacio hasta la materialidad, desde ahí ya se estaría considerando una visión de sustentabilidad en nuestro quehacer.

Es importante reconocer los datos sobre el impacto de la edificación, para priorizar la respuesta a través de nuestra profesión; hacerlas visibles nos dan la certeza de que hay que aplicar estrategias de sustentabilidad en nuestro quehacer. Nuestra industria consume aproximadamente un 30% de la energía, representa el 40% del consumo de las materias primas a nivel mundial y es responsable del 34% del total de los residuos sólidos generados en el país. A nivel local, genera un 30% de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Además, el sector consume el 16% del agua del planeta.

Hoy contamos con herramientas, estándares, certificaciones, profesionales e instituciones que han avanzado liderando con esfuerzo este camino, para acortar las brechas medioambientales en la construcción, pero nos falta por recorrer aún. 

Creo que hay que entender la urgencia de las acciones. Están los compromisos del país, por un lado, de descarbonización, leyes de cambio climático, pero en las viviendas y edificaciones, aún tenemos la manga muy ancha para diseñar y construir sin un estándar adecuado. En regiones como la Metropolitana, sin programa de descontaminación ambiental, estamos a la deriva, sin contar con una reglamentación térmica actualizada, que se suba al carro de los compromisos; algo se nos estanca. 

Nuestra responsabilidad como arquitectos hoy es reconocer el impacto de nuestras decisiones, estar informados, seguir mejorando el resultado de nuestros espacios y edificaciones, contrastar las mediciones de nuestros efectos en el medio, para avanzar aún más en lo profesional, en políticas públicas y enseñanza de la arquitectura. Podemos hacer mucho en cuánto al cambio climático, de nosotros depende.


Trabajo colaborativo para un mundo en constante cambio

Por Pablo Ivelic, presidente de Construye2025.

La industria de la construcción ha presentado, en forma sostenida, dos carencias de alto impacto. Sus índices de productividad no han podido despegar, mostrando un estancamiento en las últimas décadas. Al mismo tiempo, presenta una oportunidad gigantesca en el ámbito de sustentabilidad ambiental, siendo el rubro que más materia prima consume, el que más residuos genera y el que mayores gases de efecto invernadero emite.

Con esta realidad a la vista, en 2015, Corfo impulsó la creación del Programa Estratégico “Productividad y Construcción Sustentable”, hoy conocido como Construye2025. Su principal fortaleza radica en el carácter público-privado de su constitución, y su rol articulador -entre las diferentes hélices que participan de la industria- ha permitido generar procesos transformacionales para nuestro rubro.

Tras los seis primeros años del Programa se han movilizado esfuerzos del mundo académico, del sector público y de la empresa privada, materializando iniciativas tan relevantes como dos centros tecnológicos para la construcción, el Consejo de Construcción Industrializada, el Planbim, el DOM en Línea, así como la elaboración de la Hoja de Ruta RCD Economía Circular en Construcción 2035 y la Estrategia de Economía Circular en Construcción, por nombrar algunas.

El trabajo de este período y los innegables beneficios para el rubro han sido posibles gracias a la co-construcción de una hoja de ruta el año 2016, en la que participaron diversos actores de la industria, y se fijaron los principales objetivos y los focos de acción para un período de 10 años.

El mundo está cambiando, nuestro país ha evolucionado, nuevas tendencias nacen y necesidades específicas se tornan más urgentes. Resultaba necesario revisar y afinar el trabajo para el próximo cuatrienio. Esta actualización de la Hoja de Ruta resume el trabajo de revisión de nuestra carta de navegación de cara al año 2025. Fiel al funcionamiento del Construye2025, ha sido elaborada incorporando las visiones de los diferentes actores de la industria mediante talleres, entrevistas y un trabajo participativo de co-construcción.

Tenemos la convicción de que este trabajo nos posiciona a la vanguardia. Y estamos convencidos que -manteniendo el trabajo conjunto entre todos los actores de nuestra industria- lograremos acelerar la transformación de la construcción, avanzando a un país más productivo y más sustentable.


PLAN DE EMERGENCIA HABITACIONAL: OPORTUNIDAD PARA REVOLUCIONAR LA INDUSTRIA DE CONSTRUCCIÓN DE VIVIENDAS SOCIALES

Por Ricardo Carvajal, jefe de la Ditec-Minvu y director del Consejo de Construcción Industrializada.

El 3 de julio pasado, el ministro de Vivienda y Urbanismo, Carlos Montes, presentó al Presidente de la República y al país entero el Plan de Emergencia Habitacional, el que busca construir 260 mil viviendas en cuatro años. El documento propone diversas alternativas para suplir la demanda habitacional, entre ellas la diversificación en los caminos para obtener la vivienda y actualizar la forma de construcción.

Respecto a la actualización de la forma de construir, ésta consiste básicamente en la industrialización del proceso de construcción de viviendas. Es importante entender que esto es la manera de producir la vivienda, es decir que las partes se construyen en una fábrica para que luego ser instaladas en la obra. Esto permitirá disminuir los residuos, optimizar plazos y aprovechar al máximo los materiales con menos pérdidas, lo que se contrapone al sistema tradicional de construcción al que estamos acostumbrados a ver, en que nos encontramos con una faena en que las partidas se construyen a la intemperie.

Para mejorar la productividad en la construcción de viviendas, el Minvu ya se encuentra actualizando su normativa. Hace un par de semanas se publicó el nuevo Protocolo de Inspección, en el que se reconoce la construcción industrializada, lo que se suma al anuncio del propio ministro Montes sobre tres iniciativas que van a permitir seguir fomentando el proceso de industrialización.

La primera de éstas es el anuncio de llamado a concurso oferta que se realizará durante julio para construir viviendas industrializadas en la Región Metropolitana, específicamente en las comunas de Renca y Lo Espejo. La segunda es el desarrollo de pilotos de industrialización en las regiones de O’Higgins y Biobío; y la tercera es la firma de un convenio entre la División Técnica (Ditec) del Ministerio de Vivienda y Urbanismo y 5 fábricas, para realizar en conjunto viviendas tipo industrializadas.

Los dos primeros anuncios suman en su conjunto más de 1.000 viviendas industrializadas que estarán en desarrollo durante el presente año.

Para entender los alcances de la firma del convenio entre el Minvu y las industrializadoras es importante entender en qué consisten estas viviendas tipo industrializadas. En pablas simples, nos referimos a viviendas que se revisan y aprueban una sola vez y son replicables, por lo que los Serviu a nivel nacional no tienen que revisar de nuevo, ya en este acto se ahorran varios meses de trámites para iniciar la construcción.

Como son viviendas tipos que se desarrollarán en conjunto con las industrializadoras, se busca optimizar al máximo los materiales en base a los programas habitacionales y a la forma de construir en las plantas, reduciendo así las pérdidas de material y velando por la calidad de la solución.

Esperamos contar con una variedad de viviendas tipo industrializadas, por lo menos una docena de tipologías, que reconozcan la diversidad geográfica de nuestro país, con sus distintos requisitos, considerando además la pertinencia tanto en el norte, centro y sur de Chile, de distintos materiales, en extensión y en altura.

Este Plan de Emergencia es el punto de partida para innovar en temas habitacionales y mejorar los índices de productividad que tenemos en la industria de la construcción, por lo que en ningún caso su anuncio es el fin de un proceso, sino que solo es el comienzo.

Fuente: Cooperativa.cl


El desafío es de todos

Por Marcos Brito Alcayaga, gerente de Construye2025.

Recientemente, presentamos la Hoja de Ruta 2022-2025, que incorpora diagnósticos sectoriales actualizados y pone especial acento en continuar y fortalecer iniciativas originales de la estrategia. 

La estrategia se organiza en cinco ejes estratégicos: industrialización, sustentabilidad, transformación digital, capital humano e innovación, en donde hemos agrupado 13 iniciativas y 25 acciones, que nos guiarán de cara a los esfuerzos que nos imponen los desafíos del cambio climático y la carbono neutralidad al sector construcción.

De esta manera, en el ámbito de la industrialización, buscaremos articular esfuerzos para el desarrollo de un manual de constructabilidad, que ayude a mejorar el diseño con foco en industrialización; junto con manuales de aplicación que promuevan el uso de componentes estandarizados de construcción. Asimismo, gestionar el levantamiento de soluciones constructivas, productos y servicios disponibles a nivel nacional, que puedan ser visualizados y así potenciar su adopción en la industria. 

Por otra parte, creemos que es importante seguir difundiendo casos de proyectos y soluciones constructivas exitosas en Chile, para que se repliquen y multipliquen; y junto con ello, medir la mayor cantidad de obras, con la herramienta que desarrollamos junto al Consejo de Construcción Industrializada (CCI), para así poder descubrir dónde están las principales oportunidades de mejora para las obras de construcción tradicional e industrializadas.

La sostenibilidad es un eje vertical, en el que se enmarca la propia Hoja de Ruta RCD y Economía Circular en Construcción 2035 del programa y su importante rol frente a la Estrategia Nacional de Economía Circular. Es en este eje donde se articulan iniciativas para propiciar modelos de negocio, productos y servicios de economía circular, apoyando otras iniciativas a través de distintas instancias de colaboración. Además, promover la economía circular en certificaciones e, incluso, en la rehabilitación de edificios existentes. En este contexto, destacar, además, la importancia de contar con plataformas de medición estandarizada de huella de carbono, que es el principal indicador de sostenibilidad.

En el eje de capital humano hay un compromiso con buscar herramientas para fomentar y fortalecer la capacitación y certificación de los trabajadores, trabajar en el desarrollo de nuevas capacidades en el mundo técnico para la construcción y renovar las mallas curriculares de los profesionales del sector, incorporando cada vez más la integración femenina. Finalmente, todo tiene que ver con las personas y cómo estás asumen los desafíos que el sector se plantea, por lo que será importante en este eje trabajar con un comité transversal de instituciones académicas y de formación.

Sin duda, el apoyo de Corfo durante estos seis años y del Instituto de la Construcción, durante los últimos dos, ha sido crucial para poder observar cómo poco a poco los temas que impulsamos al inicio hoy ya están cada vez más incorporados en los sectores público y privado, así como en la academia y sus mallas curriculares. El cambio de paradigma ya ha comenzado a ocurrir.

Pero no podemos avanzar solos, como siempre, uno de nuestros principales desafíos es reunir y congregar a representantes del sector que puedan generar los cambios necesarios, aunar esfuerzos y voluntades y trabajar unidos en forma estratégica. Tal vez una de las principales variables de éxito en esta etapa es medir. Midiendo y conociendo indicadores en ámbitos de productividad, sustentabilidad y transformación digital, podemos detectar con mayor precisión las áreas de mejora y, con ello, apuntar las iniciativas a objetivos que logren mejorar estos indicadores.

Por lo mismo, y más que antes, el principal esfuerzo estará centrado en contar con todas aquellas instituciones y personas que puedan aportar en el logro de estas mejoras, que estén dispuestas a trabajar en conjunto para movilizar esfuerzos sectoriales, con convicción y determinación, ya que -a la luz de las nuevas leyes de Eficiencia Energética y Cambio Climático– se nos agota rápido el tiempo para lograr todas las mejoras que nos estamos proponiendo como país. Asimismo, la urgente necesidad de eliminar campamentos y combatir el déficit habitacional, para lo cual urge una mayor productividad en nuestra capacidad productiva y despliegue de proyectos. El desafío es de todos.


Huella de carbono en la edificación y el vínculo con las certificaciones

Por Paola Valencia, gerenta de Sostenibilidad de E3

Como ya es ampliamente conocido, según el último reporte de Global Alliance for Building and Construction, el sector vinculado a edificación es responsable del 38% de las emisiones globales de GEI, donde un cuarto de éstas corresponde a las emisiones generadas en los procesos de producción de materiales, transporte y construcción. Por lo tanto, hoy en día se sabe que tres cuartos de las emisiones del sector corresponden a carbono operacional y un cuarto a carbono incorporado. 

Sin embargo, ya hace muchos años que sabemos que el sector construcción es responsable de éste y otros impactos ambientales y ha sido uno de los sectores más lentos en incorporar cambios de buenas prácticas no sólo medioambientales, sino también de innovación, tecnológicas y sociales. Y ¿por qué ocurre esto? Bueno, por algo muy simple, porque al menos en Chile este sector compite sólo por costos directos y no considera los costos indirectos. Esto quiere decir que no paga impuestos por los diferentes impactos que genera. Un ejemplo muy claro de esto es que es más barato botar basura que valorizarla. Esto es grave, porque esos impactos ambientales los terminamos pagando todos, dado que el estado invierte un porcentaje no menor del presupuesto nacional en mitigación de daños ambientales, tales como planes de descontaminación, subsidios a familias de zonas saturadas, reforestación, gastos en salud por consecuencia de la contaminación y tantos otros.

Un gran desafío que tenemos en el sector construcción es lograr que nuestros procesos sean ambiental y socialmente responsables y para lograr esto, una de las herramientas más potentes son las certificaciones medioambientales, pero cuando promovemos estos sistemas, lo primero que encontramos por parte de la industria es la respuesta “es más caro”.

Por ello, es muy relevante avanzar a nivel nacional en levantar datos sobre los impactos ambientales vinculados a los procesos productivos y reflejar esto en los costos de producción, tomando para esto uno de los principios de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, que señala que “El que contamina paga”. En este contexto, todos los procesos productivos deberían pagar impuestos ambientales de acuerdo con su nivel de impacto y, bajo este concepto, claramente un proyecto certificado con estándares de sustentabilidad tendería a ser más económico que uno no certificado.

Las certificaciones medioambientales de edificios también tienen un rol fundamental en la generación de datos e información ambiental sobre los procesos de producción, construcción y operación de los edificios e infraestructura. Es así como hace más de 20 años que se han implementado certificaciones medioambientales en el mundo, que buscan cambiarle la cara a la industria hacia una más responsable y verde. En ese sentido, se destaca a Chile como uno de los países que no sólo ha implementado sistemas internacionales, sino también desarrollado e implementado sistemas nacionales que ayudan a movilizar al sector a incorporar prácticas de menor impacto ambiental.

Es por esto que vale la pena destacar cómo están abordando la reducción de emisiones de GEI los sistemas de certificación medioambiental que están operando en Chile y que son las certificaciones internacionales LEED y EDGE, y las certificaciones nacionales CVS y CES. En ese sentido, se destaca que todos los sistemas tienen un enfoque de ciclo de vida para abordar la promoción de reducción de energía y por ende de emisiones de GEI, aunque claramente algunos la abordan con mayor profundidad que otros. Los temas en los que coinciden la mayoría de estas certificaciones son premiando el uso de materiales y productos que documenten la energía incorporada en sus procesos, medidas de eficiencia energética en el diseño del edificio, en los equipos de iluminación, climatización, agua caliente sanitaria y la incorporación de energías renovables.

Y al igual que las certificaciones anteriores la Certificación Edificio Sustentable se destaca por promover la eficiencia energética con enfoque de ciclo de vida, ya que premia a los proyectos que documenten la energía incorporada en los materiales, medidas de eficiencia energética en el diseño arquitectónico, en diseño de iluminación, en sistemas de climatización y de agua caliente sanitaria y a los que incorporen energías renovables.

 

Fuente: CES


Reglas claras, el desafío pendiente de los RCD

Por Jorge Canals De la Puente, socio de Moraga & Cía.

La situación actual de los RCD en Chile es crítica. Estimaciones respecto a su generación con origen en edificación, a partir de datos oficiales de permisos de construcción y de modelos de generación de residuos, arrojan una cifra cercana a los 7 millones de toneladas al año, sin considerar los RCD generados por la construcción de edificios públicos, infraestructura, demoliciones ni tampoco los escombros originados tras desastres naturales (tan solo como afectación de viviendas se calcula que el terremoto de 2010 pudo haber generado más de 20 millones de toneladas de RCD). 

Del total de residuos generados, no más de un 6% es valorizado. La falta de valorización y, en consecuencia, de uso de material reciclado en la construcción, presiona, entre otras cosas, sobre la extracción ilegal de áridos naturales en el desierto y en riberas de ríos, aumentando el riesgo de desastres de origen antrópico y la vulnerabilidad de la población. 

Además, una cantidad no conocida de estos residuos se maneja en un ámbito de informalidad, siendo depositados en lugares sin autorización, y generando impactos ambientales, económicos y sociales. Luego, no solo falta infraestructura para su debido tratamiento, sino que nueve regiones de Chile, ni siquiera cuentan con lugares autorizados de disposición.

Reglas claras. Gran parte de esta situación se explica por la ausencia de un marco normativo claro para los RCD, que genere las condiciones para su valorización (dado su alto potencial), para la generación de una industria que la fomente, y para la creación de los mercados secundarios que demanden el uso de material reciclado.

La experiencia comparada indica que estas reglas se construyen sobre ciertas constantes: Principio de jerarquía en el manejo de los residuos; determinación de objetivos vinculantes de preparación para la reutilización, reciclado y otra forma de valorización de los RCD; exigencia de planes de gestión y de auditorías previas a la demolición, de separación in situ y de demolición selectiva; sistemas de fianza; medidas restrictivas para la descarga de RCD en vertederos; impuestos al uso de materiales vírgenes; control y sanción del vertido ilegal y garantías de calidad y seguridad para el uso del material reciclado.

Si bien hemos tenido avances significativos recientes en el país, como la oficialización de la NCh 3562, que define los RCD, y determina los contenidos de los planes de gestión de éstos, y como la pronta publicación de un Reglamento Sanitario en la materia, sigue pendiente la creación e implementación de un marco regulatorio coherente e integrado, que reglamente las etapas de generación, acopio, transporte, pretratamiento y tratamiento (con énfasis en la valorización) de los RCD, y fomente los mercados secundarios.

Por de pronto, y a la espera de una Ley General de Residuos, es perfectamente posible avanzar en un Plan Nacional, que fije objetivos relativos a la valorización y al aumento de uso de material reciclado de los RCD, e incentive el desarrollo de infraestructura, generando instancias de coordinación entre las distintas agencias públicas con competencia en la materia, y ordenando la aplicación de la serie de normas dispersas que hoy se aplican a estos residuos.


Día del Reciclaje, responsabilidad y eficiencia

Por Joaquín Cuevas Aldunate, gestor de Cultura Sostenible, CEO – Co-fundador de REVISTE

Hace ya algunos años en nuestro país, ha comenzado a circular cada vez con más fuerza cierta información que da cuenta de la alarmante situación actual con respecto a la gestión, regulación, tratamiento y disposición final de los residuos de construcción y demolición, o RCD, los mal llamados escombros. Según el MMA, son aproximadamente 7 M de toneladas de estos residuos que se generan anualmente y que no tiene otro destino que ser enterrados indiscriminadamente en los patios traseros de nuestras ciudades a lo largo de todo el país. Por otra parte, sólo el 4% de las inmobiliarias responsables de declarar sus ineficiencias lo hacen. A esto le podemos sumar que tampoco existen lugares de disposición adecuados y autorizados para esta actividad, lo que da paso a mafias y dejando en evidencia una legislación llena de vacíos en torno a esta problemática, carente de herramientas y mecanismos para su correcta regulación y manejo que nos asegure a todos los ciudadanos un medio ambiente libre de contaminación.

Por otra parte, la falta de infraestructura en el país y conocimientos técnicos sobre la correcta gestión de estos residuos, hace que sea más complejo crear un cadena logística que permita transformar estos desperdicios en recursos y dejar de desperdiciar el potencial de la energía almacenada en los materiales que estamos enterando por toneladas todos los días.

Ante el panorama actual pareciera que autoridades y empresarios han estado dormidos o haciendo la vista gorda a un problema que tarde o temprano debemos solucionar y que requiere en un esfuerzo colaborativo nunca antes visto, para llegar a acuerdos regionales que permitan crear un ecosistema apto para la innovación y el desarrollo de la actividad industrial del reciclaje. Aquí es donde la pregunta viene de cajón:

¿Cómo puede una industria tan importante para la economía y el país ser capaz de cambiar los malos hábitos de mezclar y enterrar los residuos, para comenzar a transitar desde una economía lineal hacia una circular?

Si reflexionamos sobre la respuesta, esta parece compleja y cada quien pudiera tener sus teorías, pero la verdad es que muchas veces las cosas son más simples de lo que pensamos y la respuesta la encontramos ahí, día a día en nuestros hábitos : SEPARANDO LOS RESIDUOS.

Separar los residuos es un acto de responsabilidad, pero también de eficiencia en muchos sentidos, cuando separamos los residuos somos capaces de visualizar el potencial que estos tiene de ser recuperados o reutilizados, cuando separamos nuestros residuos podemos obtener indicadores de pérdidas y eficiencia de nuestros recursos, cuando separamos a nuestros tendremos obras más felices y eficientes, con menos posventa y accidentes. Este simple hecho requiere además una educación y organización de nuestros trabajadores que nos ayuda a avanzar de mejor manera en nuestras obras. Separar nuestros residuos es la nueva forma de trabajar.

Este pequeño acto individual requiere, además, una organización regional y nacional, requiere voluntades políticas y empresariales, para que comencemos a crear oportunidades de negocio dentro de un mercado incipiente y con un potencial enorme de crecimiento como ya se ha experimentado en Europa hace más de 30 años.

Es así como la semana pasada, en la ciudad de Punta Arenas, el gremio de la construcción, uno de los más importantes del país, ha dado señales positivas con respecto a esta problemática, firmando un acuerdo interregional entre cámaras, para lograr cuatro Acuerdos de Producción Limpia (APL), en las ciudades de Punta Arenas, Puerto Montt, Valparaíso y Antofagasta. Este hecho histórico, no es casualidad que sea impulsado desde la regiones, porque es desde ahí, donde los territorios pueden gestionar mejor los cambios y colaborar entre empresas, municipios, universidades, emprendedores y ciudadanos. Esta serie de acuerdos regionales serán de vital importancia para sentar las bases de una nueva forma de gestionar nuestros residuos, involucrando proveedores, sitios de disposición final, declaraciones, transportes, valorización y reciclaje de los recursos que utiliza este rubro para construir los espacios en la ciudades que habitamos. Lo mejor de todo es que todas las empresas e instituciones, están invitadas a participar . El tren ya se va, ¿te subes, o te quedas atrás?

Para terminar quisiera aclarar que no soy pesimista ni optimista con respecto al cambio climático, sino que más bien, me declaro activista, porque son nuestros actos cotidianos y de conciencia individual, los que nos permiten transitar paso a paso, hacia el cambio sostenible que necesitamos crear.


El futuro es hoy, construcción industrializada de vivienda

Por Ricardo Carvajal, jefe de la Ditec-Minvu y director del Consejo de Construcción Industrializada (CCI).

El programa del Presidente Gabriel Boric señala que se construirán viviendas dignas con innovación, estandarización e industrialización de sistemas de edificación. Esto último es una alternativa para poder construir más rápido, con mejor calidad y menos residuos, y se diferencia del sistema tradicional en que el proceso usa elementos que son construidos en una planta automatizada y con mano de obra capacitada; luego, estos son transportados a la obra casi terminados, por lo que la última etapa del proceso implica, básicamente, ensamblar estas piezas y proceder con las terminaciones.

¿Por qué, si la construcción industrializada se ve tan simple y conveniente, no se ha masificado?
Se pueden identificar varias razones; en primer lugar, “la resistencia al cambio”, por ejemplo, una constructora que viene trabajando con el sistema tradicional y ya está acostumbrada a funcionar así y no tiene mayores problemas, no ve motivos para innovar; como dicen por ahí “Para qué arreglarlo si no está roto”.

Por otra parte, nuestro país no cuenta con muchas plantas de construcción de elementos industrializados. De hecho, durante el segundo gobierno de la presidenta Bachelet se inauguró la primera y única planta que fabrica piezas industrializadas de hormigón y que fue financiada, en parte, por Corfo; además de esta, existen otras iniciativas privadas de fábricas industrializadas que producen esas piezas en madera, incluso una en el sur que construye la vivienda completa, pero pareciera que si de un día a otro decidiéramos hacer todas las viviendas con este sistema, no tendríamos el stock suficiente.

Estamos tan acostumbrados al sistema tradicional que, para avanzar hacia la industrialización, debemos partir por actualizar también la forma en que se inspeccionan las obras, incluyendo esta variable en los manuales y protocolos de inspección y construcción, ya que de nada sirve que llegue la pieza armada a la obra, para que luego se pida desarmarla para verificar si cumple la norma. Para eso está el código QR que tiene cada pieza que informa su trazabilidad, permitiendo hacer seguimiento desde que se arma, con robots y mano de obra capacitada, hasta que llega a la faena; pero para eso es necesario actualizar nuestras normas y capacitar.

El desafío que ha planteado el Presidente Boric, que establece la meta de construir 260 mil viviendas durante el periodo, es una oportunidad para darle un empuje al sistema de construcción industrializado; como ha mencionado el ministro de Vivienda y Urbanismo, Carlos Montes, estamos acostumbrados a producir 120 mil viviendas en cuatro años, pero una forma de llegar a la meta puesta por el Presidente, es disminuyendo los plazos de construcción de las obras, y el sistema industrializado es una alternativa.

Fuente: Cooperativa


Corfo y el sector construcción: Una alianza exitosa 

Por Fernando Hentzschel Martínez, gerente de Capacidades Tecnológicas de Corfo.

En los últimos años, el sector de la construcción se ha visto fuertemente afectado, primero por la crisis social y luego por la crisis sanitaria. De acuerdo con el Balance 2019 realizado por la Cámara Chilena de la Construcción, más de un 20% de las empresas declara haber sufrido efectos por la crisis social, un 62% declara haber paralizado al menos uno de sus proyectos y casi un 70% señaló la necesidad de postergar en inicio de sus obras. Por su parte, el estudio de productividad realizado por Matrix Consultores (octubre de 2020), nos reconfirma un dato ya conocido; el estancamiento de la productividad en esta industria, que se ha mantenido prácticamente inalterable en los últimos 15 años, y el rezago del sector construcción en relación con el comportamiento de la economía nacional; mientras la productividad de esta última aumentó en 20% en el período 2018-2020, la construcción casi no varió. Por último, el sector se ve enfrentado a nuevos desafíos en torno al cambio climático; la Hoja de Ruta de Residuos de Construcción y Demolición y la Estrategia de Economía Circular en Construcción, imponen la necesidad de actuar en esta materia, ya que se han fijado metas al respecto: se espera que un 15% al 2025 de los materiales y sistemas constructivos cuenten con certificación de atributos circulares, meta que aumenta al 30% para el 2035; y al 2050 se espera que al menos el 30% del volumen de los RCD se valoricen. 

Es importante señalar que esta industria es fundamental para el crecimiento de nuestra economía, representa cerca del 8% del PIB nacional y en torno al 8,5% del empleo en el país y es un pilar de desarrollo que tiene como misión mitigar el creciente déficit habitacional que nos aqueja.

Esta situación nos impone la necesidad de tomar acciones para enfrentar estos desafíos, y al mismo tiempo, nos abre una tremenda oportunidad de impulsar iniciativas transformacionales en una industria que ha sido históricamente lineal, hacia un modelo productivo no solo más sustentable gracias a los avances tecnológicos en materias de eficiencia energética, sino que también capaz de aprovechar las ventajas que los modelos de economía circular ofrecen en orden de empujar también la productividad del sector.

Ahí es donde Corfo tiene un claro rol que jugar, ya que, a través de nuestros distintos programas e instrumentos hemos apoyado a empresas y emprendedores de toda la cadena de valor de la industria, a dar un paso en materia de innovación y desarrollo tecnológico, en ámbitos tan relevantes como la digitalización, la construcción industrializada, la sustentabilidad en el sector y por cierto introduciendo elementos de la economía circular.

Es así, como desde el año 2015 asumimos el compromiso de articular y coordinar a los distintos actores vinculados a la industria, en el programa Transforma Construye2025, el que nos ha permitido identificar brechas y oportunidades concretas para apoyar en el desafío de transformar al sector desde la productividad y la sustentabilidad.

Como parte de la hoja de ruta de Construye2025, han surgido iniciativas claves como el Centro Tecnológico, CTEC, que busca promover la transformación digital, la adopción de tecnologías y la industrialización en el sector. Además, dispone de infraestructura y capacidades para que las empresas y emprendedores prueben nuevas tecnologías y desarrollos tecnológicos que las hagan más productivas y competitivas; por su parte, PlanBIM busca potenciar el uso de metodología BIM a través del poder de compra del Estado, dotando de capacidades al sector público e incorporando exigencias de BIM en proyectos públicos.

En lo que respecta a los desafíos ambientales, durante el 2021 articulamos la primera convocatoria de Retos de Innovación en Economía Circular en el Sector Construcción, la que, a través de un proceso de innovación abierta, buscó soluciones que apuntan a disminuir la pérdida de recursos en el sector construcción y las externalidades negativas, a través de soluciones tecnológicas que incorporen la economía circular. 

A través de esta convocatoria estamos conectando al ecosistema emprendedor e innovador del país, con las empresas, para dar respuesta a problemas y desafíos que estas enfrentan en ámbitos como uso de nuevos materiales, sistemas constructivos sustentables, soluciones tecnológicas para uso eficiente de recursos y la gestión sustentable de sus residuos. Así es como hoy contamos con ocho proyectos que se encuentran validando este tipo de soluciones en entornos reales, de la mano de las empresas o instituciones que serán los usuarios de estas tecnologías una vez completados sus ciclos de desarrollo. 

Para este año tenemos el desafío de seleccionar las tres mejores soluciones, las cuales apoyaremos con financiamiento y acompañamiento técnico y estratégico, en el desarrollo de su plan de escalabilidad. Esperamos que estas soluciones se encuentren en el mercado durante el primer semestre de 2023.

En cuanto a otros apoyos disponibles para el sector, contamos con los programas de innovación y de emprendimiento, así como la Ley de Incentivo Tributario, que si bien, su uso ha aumentado en los últimos años, creemos que aún puede ser más explotado como herramienta innovación empresarial de la mano con los Centros Tecnológicos especializados en esta materia. Del mismo modo, estamos próximos a lanzar una nueva convocatoria a programas tecnológicos asociativos que buscan abordar los desafíos de transformación productiva ante el cambio climático en sectores específicos como el de la Construcción. 

Por ello, invitamos a las empresas del sector a abordar estas necesidades de transformación productiva mediante la innovación y el desarrollo tecnológico como parte de su quehacer, apoyándose en la infraestructura y capacidades tecnológicas desplegadas en Chile como los son los Centros Tecnológicos, así como los lineamientos que el programa Transforma Construye2025 ha puesto a disposición.


Economía circular y ambiente construido. El liderazgo de Construye2025 en la construcción de una Agenda Regional para América Latina

Por Guillermo Penagos, Coordinador de proyectos, Cátedra UNESCO de Sostenibilidad – UPC

Una mirada global con énfasis regional

En 2020 el Programa de Construcción Sostenible de la Red One Planet publicó un reporte global sobre Economía circular en el Ambiente Construido. En 2021 el Programa hizo un énfasis regional con la publicación de tres nuevos reportes con énfasis en África, Asia y América Latina y el Caribe. 

El reporte correspondiente a América Latina y el Caribe fue elaborado por la Cátedra UNESCO de Sostenibilidad en la Universidad Politécnica de Cataluña, la Red RECNET “Reciclar Ciudad” y el Grupo de Resiliencia Urbana en la Universidad SDU de Dinamarca. Este reporte brinda una inmersión a la situación del sector constructor y sus oportunidades para la circularidad en Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá y Perú, presentando políticas, actores clave, estudios de caso y mejores prácticas que cubren diferentes fases y categorías de impacto del ciclo de vida de la construcción, al tiempo que se analiza el aporte potencial de la circularidad en el ambiente construido al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. 

A continuación, se presentan los aspectos más destacados de este informe y se describe la participación del Programa Construye 2025 en su realización.

Retos para la circularidad en el ambiente construido en América Latina

A pesar de que existen grandes diferencias respecto al desarrollo urbano en América Latina y el Caribe, se encuentran algunos desafíos comunes, entre los cuáles se destacan los siguientes: 

Factores que pueden impulsar la circularidad en el ambiente construido

Entre los factores impulsores de la circularidad en la construcción, el informe destaca los siguientes:

Construye2025: un referente regional

El desarrollo de un Ambiente Construido Circular exige un enfoque sistémico que considera todas las escalas, desde materiales y componentes hasta edificios, espacios públicos, infraestructuras, barrios, áreas metropolitanas y regiones. Dicho enfoque sistémico requiere la armonización de políticas y regulaciones, así como el compromiso de múltiples partes interesadas, incluidas las agencias de cooperación multilateral y bilateral, los bancos de desarrollo, los bancos privados y otras entidades financieras, los gobiernos nacionales, sub-nacionales y locales, los proveedores de materiales, los desarrolladores urbanos y las empresas constructoras, asociaciones empresariales, profesionales y trabajadores de la construcción, universidades y otros centros de formación, empresas de servicios públicos, así como usuarios y ocupantes. 

Es importante la conformación de redes y alianzas que coordinen la interacción entre estos actores y pongan los desafíos basados ​​​​en la circularidad en el centro de las agendas de innovación, desarrollando, difundiendo, replicando y escalando proyectos demostrativos, mientras se fortalecen los mecanismos de financiamiento. Los autores de este informe encontramos en el Programa Construye2025 un referente regional relevante de este tipo de alianzas y por esto le hemos dado un lugar importante. 

El informe puede ser descargado en el siguiente vínculo: 

Circular Built Environment Highlights from Latin America and the Caribbean

 


Cumplimiento normativo

Por: Sergio Contreras, Presidente Consejo de Normalización de la Construcción, Instituto de la Construcción

En el actual ordenamiento jurídico y técnico de la construcción en la organización de la sociedad contemporánea, el cumplimiento de la normativa tiene un rol fundamental ya que de ello depende una oferta de calidad adecuada y alcanzar un nivel de seguridad aceptable tanto para los fabricantes, los constructores y los usuarios.

Las construcciones de acero utilizan este material producto de un proceso de fabricación estrictamente controlado y que a su vez cuenta con la posibilidad de llevar una buena trazabilidad; sin embargo ello per se no garantiza un cabal cumplimiento normativo que es requerido para asegurar esa calidad. Desde este punto de vista, es de gran importancia contar con un cuerpo normativo sólido, actualizado y vigente según el conocimiento tecnológico de hoy.

A diferencia de lo que se tiende a creer, el contar con ese cuerpo y tener como objetivo cumplirlo cabalmente origina un comportamiento mejorado en la obtención de productos de más alta calidad, de la aplicación realista de la tecnología asegurando la seguridad, habitabilidad, el comportamiento de las construcciones y, en definitiva, la calidad de vida en la sociedad.

Para obtener estos logros, este comportamiento de la industria debe estar debidamente incorporado en las políticas públicas de manera que exista una consistencia real en toda la cadena, desde el proyectista que concibe una obra hasta el último de los ejecutores, es así como la aplicación de la normativa cobra su importancia real y se despoja de esa carga que equivocadamente se considera como obstáculos al desarrollo de la labor profesional y productiva.

En Chile, en el último tiempo se ha trabajado intensamente en diversas instituciones para mejorar este entorno normativo, de esta manera hoy tenemos normas como la NCh427/1 y NCh427/2 que son una poderosas herramientas para los ingenieros estructurales pues mejoran el marco en el cual debe situarse el correcto diseño de las estructuras de acero.

De la misma manera, el control de la calidad de los aceros queda claramente determinado en las normas NCh3518 para perfiles cerrados conformados en frío y, consecuentemente, la NCh3576 para perfiles abiertos conformados en frío. Esta tipología de perfiles es ampliamente usada en el país para las construcciones en acero.

De esta manera el país avanza en un camino definido para lograr la calidad que requieren los productos y construcciones de acero y, también así, podemos pensar que estamos sentando bases sólidas para mejorar el bienestar de las personas.

Fuente: Instituto de la Construcción


Eficiencia energética, con visión de presente y futuro

Por Ignacio Santelices Ruiz, director ejecutivo AgenciaSE

Desde 2015 en adelante se realizaron decenas de mejoras energéticas en diversos hospitales del país. Por un lado, se hicieron recambios de calderas, sistemas de clima y otras mejoras de eficiencia energética, y por otro, se instalaron paneles solares. Los proyectos de eficiencia energética tuvieron inversiones en torno a los $200 millones por establecimiento, y generaron ahorros en torno a los $100 millones anuales. En los proyectos renovables, se invirtieron alrededor de $70 millones, y se generaron ahorros del orden de $15 millones por año.

¿Dónde creen que se hicieron las inauguraciones? Por supuesto, en los techos de los edificios, junto con los paneles solares, lo que es bastante obvio: la foto al aire libre con unos lindos paneles no tiene comparación con una de una sala de máquinas en un subterráneo oscuro.

Este 5 de marzo es el Día Internacional de la Eficiencia Energética y es permanentemente necesario recordar los beneficios y la importancia de la eficiencia energética, porque de atractivo y glamoroso tiene bastante poco en comparación con otras tecnologías existentes.

Está ampliamente comprobado que empresas que hacen gestión de su energía pueden generar ahorros anuales de hasta 5% durante varios años; o que viviendas u otras edificaciones que se construyen eficientemente, pueden reducir el gasto de energía para calefacción en más de un 50%; o que, en países con estándares de eficiencia para el parque automotriz, se venden, en promedio, vehículos con un 30% de mejor rendimiento que en países sin esos estándares.

Todo lo anterior está debidamente documentado y nuestra política pública ya lo está abordando a través de la nueva ley de eficiencia energética. Sin embargo, los impactos de la eficiencia energética van mucho más allá de lo que podamos lograr hoy; es clave para nuestro futuro.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) pronostica que, en los próximos 20 años, se aumentarán en un 60% los metros cuadrados edificados en el mundo, producto del aumento de la población y el desarrollo de la economía. Bill Gates ha indicado que esto equivale más o menos a construir y operar una nueva ciudad como Nueva York cada año. Pensar que vamos a poder cubrir esas enormes nuevas necesidades energéticas solo con nueva energía limpia, es poco realista, y aquí es donde juega un rol clave la eficiencia energética. De acuerdo con la misma AIE, todos los requerimientos adicionales de energía, de los próximos 20 años, podrían cubrirse con la misma cantidad de energía que consumimos hoy, si somos eficientes en su uso.

Los enormes desafíos del cambio climático, las añoradas mejoras en nuestra productividad, la reducción de la pobreza energética de nuestros hogares y la calidad de vida en nuestras ciudades requieren esfuerzos continuos en eficiencia energética. En este sentido, esperamos que, durante los próximos años, en el marco de las discusiones del impuesto verde, el presupuesto para eficiencia energética tenga un aumento considerable, tal como ocurre hoy en buena parte del mundo desarrollado.